Instituto

El Instituto establece sus objetivos de crítica, análisis y difusión de la cultura a partir de un acercamiento a las raíces de Occidente en la lejana Grecia. Mediante el nombre Sabazios, el Instituto expone su vocación de estudio de lo divino como fundamento de la cultura y el orden humanos. El Instituto mira los actuales tiempos como un paulatino desvanecimiento de lo divino transmundano y un nuevo acercamiento a la “divinidad” que antaño fuera el cimiento del politeísmo grecolatino. El monoteísmo de la conciencia que hizo de lado más del noventa por ciento de lo que nos constituye como entes, no es capaz de responder por la complejidad manifiesta en la naturaleza y la sociedad; su conflicto y evidente desarticulación. Por lo anterior, consideramos indispensable una reelectura de la tradición y una activa difusión de la cultura antigua, sin que ello signifique tratar de remontar en busca de un “tesoro perdido”; antes bien, el objetivo consiste en reunir al ente que somos allende cualquier apariencia bifronte; reencontrarnos con nuestras fuentes de imaginación, devoción, desarrollo cultural y humano.

A partir de lo anterior, el Sabazios Institute parte de una premisa básica: no es la verdad la que nos hará libres sino la DUDA. La vida, con todo su poder, no se funda en la estabilidad sino en el combate. La existencia, con toda su exuberancia, no se funda en el acto de creer sino en DUDAR. Por lo anterior, el Instituto acoge la DUDA sistemática como principio metodológico y punto de partida para el desarrollo humano y social; lo que en otras palabras significa: el Sabazios Institute se pretende el desarrollo de individuos que se proyecten hacia el mundo en términos de “creatividad”. Así entonces, como Instituto se piensa: aquel que DUDA enfrenta el mundo en el que ha nacido; aquel que acoge una verdad se convierte en siervo de quien la ha propuesto. Por consiguiente, los miembros del Instituto deben, incluso, poner en duda las palabras que nacen del mismo Instituto. En este sentido es que se ha propuesto la palabra “Alêtheia”, como hilo conductor para hablar de verdad.

A diferencia de lo anterior, el monoteísmo Occidental y el concepto común de verdad que, respectivamente, presuponen un dogma revelado e incuestinable, así como un núcleo de certeza que habrá de ser develado en series de aproximaciones sucesivas, hacen de la mayoría humana una raza de siervos. A diario se siembra el temor a lo desconocido, se ahonda en la incertidumbre del cambio y la falta de control sobre los acontecimientos para debilitar aún más, la ya empobrecida fuerza individual de los seres humanos. A diario se ofrecen diversos tipos de narcóticos para dejar pasar la vida y ensombrecer la iniciativa individual. Aquel que duda es considerado “dis-funcional”, “pecador”, “inmaduro”, “rebelde”, etcétera, entregándonos a cambio caracteres prototípicos que tienden a reafirmar la “verdad” que se nos ofrece como orden establecido. Aún los sectores autonombrados de “izquierda” y “revolucionarios”, es decir, que cuestionan el status quo, tan sólo ofrecen a sus miembros una verdad distinta en qué creer y un asidero que en pocas palabras, simplemente cambia el nombre del “líder”. El amo sigue siendo amo y el esclavo sigue siendo esclavo. Al primero lo distingue la capacidad de crear e imponer su relato (verdad), al segundo, la necesidad de creer, la esterilidad creativa y por consiguiente, la falta de autoafirmación vital y el instinto de rebaño.

Ante dicho escenario, el Sabazios Institute propone una “educación estética” y una especial valoración de la sensibilidad en términos de vida y existencia. La estética que reconocemos aprecia la Vida como fuerza del acontecer y a lo ente que en cada caso “somos nosotros mismos” como un vórtice fugaz e inestable, pero que hereda de esa Voluntad su inconmensurable potencial creativo. La herencia cultural e histórica sobre la cual se desarrolla la visión del Instituto, así como nuestra vocación estética, reposa en la cultura griega antigua. Nos referimos a una época de dioses, de agudos pensadores, estetas, reyes y guerreros. La plétora de dioses que conocieron los griegos nos recuerda una naturaleza erótica y profundamente creativa. Dicho cosmos “teomórfico” elevó a la vida misma (como naturaleza) al rango de divinidad y para el Instituto, semejante cosmos representa la mayor fuente de esplendor de aquello que ahora llamamos Occidente. Lo divino griego aún habita en los bosques, en los acantilados, en las montañas, en todas las formas vivas que aún nos susurran al oído de manera silenciosa, lo mismo que en el pasado mitológico hicieran las exitadas figuras de las ninfas y de las musas.

J.E.J. Ramos Talavera


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